¿Qué es la Armonía de las esferas?

La armonía de las esferas es una teoría astronómica según la cual el universo se encuentra constituido a partir de proporciones numéricas armoniosas. Esta teoría, con fundamentos pitagóricos, defiende que todos los astros giran alrededor de la Tierra (geocentrismo) y que la distancia entre cada uno de estos estaría dada por intervalos musicales. Es por ello que esta teoría, cuyo nombre original en griego era hamonia tou kosmou, se traduce como armonía del cosmos y también como música universal. Esta hipótesis astronómica se puede rastrear desde la antigüedad en textos platónicos como La República y Critón, y en el Tratado del cielo de Aristóteles, los cuales tuvieron grandes repercusiones sobre cómo se entendía el espacio exterior en Occidente durante varios siglos.

La teoría de la armonía de las esferas se basa en la idea de las esferas celestes u orbes celestes, defendida por autores como Platón, Eudoxo, Aristóteles, Ptolomeo y el mismo Copérnico. Según esta, todo cuerpo celeste (el Sol, la Luna y los planetas) se encontraba incrustado en una esfera giratoria, con lo cual se explicaba su movimiento aparente a lo largo del tiempo. Estas esferas estaban hechas del quinto elemento o quintaesencia: el éter. También se pensaba que, dado que las estrellas permanecían fijas en el espacio, se encontraban en la superficie de una misma esfera estrellada. Más tarde, con el ascenso del cristianismo, a este modelo astronómico se le agregaron interpretaciones teológicas que emparentaban las esferas con cada uno de los niveles del cielo. De tal manera que la esfera móvil más externa era la que ocasionaba el movimiento de las otras, era el primer motor formulado por Aristóteles, era, pues, Dios.

En los textos que han sobrevivido desde la antigüedad y que registran la teoría de la armonía de las esferas, se encuentran notables diferencias, por lo cual se puede pensar que la teoría evolucionó a lo largo de los años o que poseía unos principios generales que fueron interpretándose y modificándose por diferentes autores. En un comienzo, los primeros registros de esta teoría señalan que la música celeste ha sido compuesta a partir de una escala descendente o ascendente de grados conjuntos, siendo la distancia entre los planetas cada intervalo de esta. Por ejemplo, Plinio el viejo en su Historia Natural señala que la distancia entre la Tierra y la Luna es de un tono, mientras que los cuerpos celestes sucesivos se organizan a partir de una escala ascendente.

En un segundo momento, se explica que la distancia entre planeta viene dada por intervalos conjuntos de un semitono o un tono y, rara vez, de un tono y medio. Cada intervalo estaría determinado por la velocidad relativa de los planetas. Esta interpretación la propone Cicerón en su Somnium Scipionis y en República. A lo anterior, se agrega que, dado que la Luna es el cuerpo celeste más cercano a la Tierra, gira más despacio y, por tanto, produce el sonido más grave; entretanto, la “esfera inmóvil” es la que produce el sonido más agudo. Platón ofrece una tercera interpretación en su Timeo, según la cual la distancia entre los planetas estaba determinada por una secuencia numérica formada por las primeras potencias de 2 y las primeras potencias de 3. Así, la secuencia equivaldría a una octava musical, a una quinta, a una cuarta y, finalmente, a un tono. Esta última idea despertó toda clase de interpretaciones en los pensadores neoplatónicos, que harían todavía más confusa la teoría de la armonía.

La teoría de la armonía de las esferas finalmente cayó al olvido con la formulación de la teoría heliocéntrica presentada por el astrónomo polaco Nicolás Copérnico en el siglo XVI, en pleno Renacimiento. Esta última fue más tarde confirmada y desarrollada por los trabajos de Johannes Kepler y Galileo Galilei; y mucho más tarde por las observaciones e investigaciones de astrónomos como William Herschel, Friedrich Bessel y Edwin Hubble. En cuanto a las distancias y relaciones entre los planetas, la idea de los intervalos musicales armónicos perdió popularidad y aprobación ante la ley de Titius-Bode, formulada en 1772 por el astrónomo alemán Johann Daniel Titius y el astrónomo Johann Elert Bode, quien era entonces el director del Observatorio de Berlín; aunque otros señalan que fue el filósofo alemán Christian von Wolff el primero en proponer esta nueva hipótesis.