Todos los seres vivos tienen características generales, la evolución ha producido una gran variedad de formas de vida. Los organismos pueden agruparse en tres categorías principales denominadas “dominios”: Bacteria, Archaea y Eukarya. Esta clasificación muestra las diferencias esenciales entre los tipos de células que componen estos organismos. Los miembros de los dominios Bacteria y Archaea habitualmente consisten en células individuales simples. Los miembros del dominio Eukarya están formados por una o más células muy complejas, y se subdividen en tres “reinos”. Fungi, Plantae y Animalia; así como una colección diversa fundamentalmente de organismos unicelulares de nominados “protistas”.

Existen excepciones a cualquier conjunto primordial de criterios empleados para determinar los dominios y los reinos; sin embargo, tres características son particularmente útiles: tipo de célula, número de células en cada organismo y forma de obtención de energía.

Al mismo tiempo, los diferentes reinos tienen categorías (filum, clase, orden, familia, género y especie). Esta agrupación conforma una jerarquía donde cada categoría rodea a las otras. En la categoría concluyente, la especie, todos los miembros son tan semejantes que pueden reproducirse entre sí. Los biólogos utilizan el concepto “sistema binomial”, para referirse a una especie. Como indica la palabra binomial, a cada tipo de organismo se establece un nombre el cual consiste en dos partes: género y especie. El nombre del género va siempre en mayúscula la letra inicial, y el de la especie, no. Uno y otro deben ir en letra cursiva; así, por ejemplo, Daphnia longispina, la pulga de agua, está en género Daphnia (que incluye a otras pulgas de agua) y la especie longispina (que se refiere a púa o punta larga que sobresale de su parte trasera). Los seres humanos se clasifican como Homo sapiens, y somos los únicos miembros de este género y de esta especie. El sistema binomial para dar nombre a los organismos permite a los científicos tener un idioma general o global, de tal manera que permite una comunicación precisa en cuanto a cualquier organismo.

 

Composición celular

Existen dos tipos principales distintos de células (procarióticas y eucarióticas). Cariótico se refiere al núcleo de la célula, una estructura rodeada por una membrana que contiene el material genético de la célula. Eu significa (verdadero) en griego; las células eucarióticas poseen un núcleo auténtico, cubierto por una membrana. Estas células suelen ser mayores que las procarióticas y además contienen diversos organelos, muchos de los cuales están cubiertos por membranas. Pro significa “antes” en griego; es casi seguro que las células procarióticas evolucionaron antes que las eucarióticas (se especula que estas últimas evolucionaron a partir de células procarióticas). Las células procarióticas no tienen núcleo; su contenido genético se encuentra en el citoplasma. Por lo regular son pequeñas, promedio de 1 a 2 micrómetros de diámetro, y carecen de organelos limitados por membrana. Los dominios Bacteria y Archaea constituyen de células procarióticas; como su nombre lo manifiesta, las células del reino Eukarya son eucarióticas.

 

Distribución de las células según su dominio, reino y obtención de energía

La mayoría los miembros de los dominios Bacteria y Archaea, y los protistas del dominio Eukarya, son de conformación “unicelular”; sin embargo, varios habitan en cadenas o tramas de células con escasas comunicación, cooperación u organización entre sí. Casi todos los miembros de los reinos Fungi, Plantae y Animalia son “multicelulares”, y su vida depende de la comunicación y cooperación precisa entre muchas células especializadas.

Los organismos fotosintéticos (plantas, algunos protistas y algunas bacterias), son autótrofos (se autoalimentan). Los organismos que no pueden realizar fotosíntesis se denominan heterótrofos (se alimentan de otros). Varias arqueas, bacterias y protistas, así como todos los hongos y animales, son heterótrofos. Se difieren por el tamaño del alimento que se consume. Las bacterias y los hongos, absorben moléculas del alimento individual; otros, como la mayoría de los animales, come trozos de alimento, y los descomponen en moléculas dentro de su sistema digestivo correspondiente.