¿Cuál es la historia del Himno nacional de Chile?

El Himno nacional de Chile, conocido también con el nombre de Canción Nacional de Chile, es el himno oficial de la República de Chile desde su adopción el 17 de septiembre de 1847. Este fue escrito por el poeta, periodista y político chileno Eusebio Lillo Robles, con música del maestro y compositor español Ramón Carnicer y Batlle, y estribillo del poeta, político y abogado argentino-chileno Bernardo de Vera y Pintado. La mayoría de los símbolos patrios de Chile fueron creados en torno a 1812 por orden del político y militar José Miguel Carrera. Así, se crearon el escudo de armas, el lema patrio, la bandera y la escarapela; pero en aquel entonces no se pensó en un himno oficial. No obstante, sí se publicaron varios himnos patrióticos en los periódicos El Monitor Araucano y la Aurora de Chile. Estos luego fueron musicalizados e interpretados el 30 de septiembre de 1812 en la Casa de Moneda, donde José Miguel Carrera organizó la celebración del segundo aniversario de la Primera Junta Nacional de Gobierno.

De esa forma, pueden considerarse el Himno del Instituto Nacional y el Himno a la victoria de Yerbas Buenas como antecedentes directos del himno nacional de Chile.  El último de estos fue compuesto por el mismo Bernardo de Vera y Pintado; mientras que el otro fue escrito por Camilo Henríquez González; ambos entonados en 1813 y musicalizados, según el historiador Eugenio Pereira Salas, por el maestro José Antonio González, quien fungía como maestro de capilla en la catedral Metropolitana de Santiago. Después de la Restauración absolutista, cuando los españoles quisieron reconquistar Chile, Bernardo O’Higgins le solicitó el 19 de julio de 1819 a Bernardo de Vera y Pintado que escribiera una canción patriótica para el país. Este escribió un texto con el título de Marcha Nacional, compuesto por 88 versos de once sílabas, el cual fue aprobado el 20 de septiembre de 1819 con el nombre de Canción Nacional de Chile por la cámara alta. Así, fue impreso y repartido entre los pueblos y las escuelas, donde comenzó a ser entonado durante las Fiestas Patrias.

Para la musicalización del texto de Vera y Pintado, se empleó en un primer momento la música del himno argentino, compuesta por el maestro español Blas Parera; luego se le encargó la musicalización a Domingo Arteaga Rojas, edecán de O’Higgins. Este le confirió la tarea al compositor peruano José Ravanete, quien empleó la música de una canción española compuesta contra la invasión de Napoleón Bonaparte. La transformación del texto y la mala elección de la melodía enfurecieron a Vera y Pintado, quien vio cómo su composición fuertemente antiespañola se había vuelto goda. Por esta razón, Arteaga le confirió la musicalización al violinista chileno Manuel Robles Gutiérrez, quien logró componer una melodía fuerte y enérgica que cautivó a sus oyentes. El himno con esta música fue presentado el 20 de agosto de 1820, cuando se celebraba el cumpleaños de O’Higgins, la inauguración del primer teatro de Santiago (el teatro de Arteaga) y el inicio de la Expedición Libertadora del Perú.

Más tarde, el argentino Juan Crisóstomo Lafinur escribió y compuso un nuevo himno, el cual fue estrenado con gran éxito; pero no se volvió a ejecutar porque el autor no quería incordiar a Robles y a Vera y Pintado. Después de esto, el ministro Mariano Egaña quería que el himno fuera más lírico y menos popular, por lo cual le encargó una nueva melodía al maestro español Ramón Carnicer y Batlle, que estaba exiliado en Londres. Este compuso una nueva música que fue estrenada el 23 de diciembre de 1828 en el teatro Arteaga y que fue muy bien recibida entonces, salvo por las personas mayores y las clases más populares, que prefería la musicalización de Robles. A pesar de esta pequeña resistencia, el himno remplazó rápidamente al anterior aun sin estar refrendado. No obstante, cuando se reestablecieron las relaciones entre España y Chile, el gobierno fue presionado para que cambiara la letra o el himno por sus ideas antiespañolas. Es por ello que el presidente Bulnes le encargó al poeta chileno Eusebio Lillo Robles que escribiera una nueva letra. Este redactó un nuevo himno, pero conservó el coro escrito por Vera y Pintado. Así, el himno modificado finalmente se presentó y adoptó por la República de Chile el 17 de septiembre de 1847.