¿Qué es el huachicol?

Por huachicol, también conocido como guiachicol, se tienen dos significados distintos en México: uno es el de una bebida alcohólica adulterada; y el otro es el del combustible, principalmente gasolina o diésel, que es robado de los tubos de las petroleras y vendido a un precio más bajo. Las personas que se dedican a ambas actividades son conocidas en México como huachicoleros y presentan un grave problema no sólo para la sociedad y la economía, sino también para ellos mismos y para el consumidor, pues los productos suelen estar alterados y producen, en el caso del alcohol, graves perjuicios para salud. En el caso del combustible, este usualmente es adulterado al diluírsele con otras sustancias para obtener mayor cantidad de la mezcla y percibir así mayores beneficios. Por tanto, el uso de este combustible puede ocasionar daños en los automotores.

Si bien el origen de la palabra no está del todo claro, pues pertenece a la oralidad, algunos autores como el escritor y lingüista mexicano Arturo Ortega Morán creen que la palabra proviene del vocablo latín aquati, que se puede traducir como “aguado”. De hecho, el término aquati se usaba antiguamente, alrededor del siglo XVI, para hacer referencia a una técnica pictórica en la cual los pigmentos se diluían en agua, como la pintura con acuarelas. Esta técnica fue conocida en Francia como gouache y poco después en México como “pintar a la guach”. Por aquel entonces, los vendedores de tequila y aguardiente diluían sus bebidas en agua para generar mayores beneficios. Por tanto, se les comenzó a designar como guachicoleros. Lo mismo aplica para aquellos que alteran los combustibles.

En cuanto a la bebida alcohólica, esta se obtiene al agregar alcohol de caña al caramelo que se quedaba pegado en las tuberías de las refinerías azucareras. Esta mezcla la encendía y la destilaban más tarde en un recipiente y lo combinaban además con té de canela, ciruelas de España, cáscaras de naranja o simplemente agua. De esta manera, se tiene que en la producción de huachicol se consigue alcohol metílico, dado que la multiplicidad de los ingredientes y su producción artesanal no posibilitan una temperatura estable que garantice su total destilación.  Por tanto, este tipo de alcohol puede perjudicar gravemente la salud de quien lo consume, ocasionándole ceguera, daños irreversibles en el nervio óptico, cefaleas, temblores e incluso la muerte.

Entretanto, el robo de combustible ataca a las tuberías de Pemex (Petróleos Mexicanos), la compañía estatal encargada de la explotación del petróleo y otros combustibles fósiles en el país mexicano. Aunque este problema puede encontrarse a lo largo de la historia del país, es de señalar que se agravó hacia 2010 con el incremento del precio de los combustibles y con el auge de los carteles, como una forma de financiar sus actividades ilícitas. Dada la influencia que poseen estos grupos al margen de la ley en la vida política del país, varias investigaciones han arrojado que funcionarios de Pemex han facilitado el robo de combustible. De esta manera, se sabe que los huachicoleros, con ayuda de los funcionarios públicos y de Pemex, han obtenido mapas de las tuberías, información sobre los mejores métodos para perforarlas y horarios en lo que los tubos son más vulnerables.

En la actualidad, esta actividad es reconocida como un delito federal que se paga hasta con veinte años de prisión. Sin embargo, la actividad de muchos huachicoleros es aprobada por la comunidad civil, en especial por los menos favorecidos, pues ofrecen el combustible a un precio mucho menor que el que se vende oficialmente, haciendo la vida más barata. Es por ello que algunas comunidades han protegido a los huachicoleros e incluso han facilitado su labor. Según señalaba un artículo publicado en Los Angeles Times, comunidades enteras viven del mercado negro del combustible, concretamente en Hidalgo, Oaxaca, Guanajuato, Tamaulipas, Veracruz y Puebla, donde este fenómeno es más frecuente. De esta forma, en 2017 se registraron en promedio 28 perforaciones al día; mientras que en 2018 se registró un promedio cercano a 40. Se sabe entonces que tan sólo en los primeros 10 meses de ese año se habían realizado 12.581 perforaciones ilegales a las tuberías de Pemex, generando daños por aproximadamente 3 mil millones de dólares en reparaciones y mantenimiento de las tuberías, y también en compensaciones a los consumidores que no pudieron acceder al petróleo robado.

Más allá de los riesgos judiciales que supone el robo de combustible para los ladrones, se han registrado varios accidentes desde 2010 en varias personas han resultado heridas y han perdido la vida debido a explosiones e incendios del combustible. Este fue el caso de la explosión en San Martín Texmelucan de Labastida en Puebla, el 19 de diciembre de 2010, cuando murieron 29 personas; y el caso, más reciente, de la explosión del oleoducto Tlahuelipan en Hidalgo, el 18 de enero de 2019, cuando murieron 124 personas. Con la llegada de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) a la presidencia de México en 2018, se implementaron medidas para evitar el robo de combustible y para combatir las pandillas y los carteles que se dedicaban a esta actividad. Entre estas medidas se contaban el envío de 5000 soldados y policías para proteger los oleoductos y el desvío del combustible de varias tuberías. Sin embargo, esta política produjo escasez y problemas de abastecimiento en todo el país.

Además de la fuerte influencia de grupos criminales en los estados más afectados por esta problemática, los huachicoleros prosperan debido a la escasa infraestructura de dichas regiones, la cual entorpece el actuar de las autoridades. La forma en la cual los huachicoleros operan consiste en identificar un tramo de una tubería que sea vulnerable para después perforarlo cuando no esté siendo vigilado (usualmente en la noche). Tras esto, se coloca una llave improvisada en la perforación y se obtiene el combustible bajo lo que se conoce como “ordeña de ductos”. Después, el combustible es vendido en mercados locales (conocidos como tianguis) o a los conductores que pasan por la carretera, con un precio que oscila entre los ocho y los diez pesos por litro. Los combustibles más vendidos por los huachicoleros son la gasolina magna y el diésel.